El estrés se ha convertido en un fenómeno de la vida moderna. Desde preocupaciones cotidianas como el tráfico hasta exigencias del entorno laboral o conflictos personales, la presión y la sensación de agotamiento parecen alcanzar a muchos.

Recientes investigaciones y recomendaciones de Harvard Health sostienen que no se trata de evitar el estrés, sino de aprender a enfrentarlo y transformarlo en una fuente de crecimiento personal y adaptabilidad.
La institución académica señala que cuando las respuestas fisiológicas al estrés –como el aumento de la frecuencia cardíaca o pensamientos inquietos– se repiten con frecuencia, pueden afectar negativamente tanto la salud física como mental.
Por esta razón identificar señales como irritabilidad, insomnio o cambios en el apetito es fundamental para actuar antes de que el estrés se vuelva crónico.
Cuál es el enfoque que propone Harvard para reducir el impacto del estrés
Una pieza central del enfoque propuesto por Harvard es el concepto de resiliencia, entendido como la capacidad de recuperarse y adaptarse tras experiencias adversas.
Esta facultad –que puede desarrollarse– permite ver las experiencias estresantes no como obstáculos insuperables, sino como oportunidades de aprendizaje y crecimiento.
Profundizando en estas ideas, la universidad también incorpora el concepto de antifragilidad, acuñado por Nassim Nicholas Taleb. Este concepto va más allá de la resiliencia y se refiere a la capacidad de no solo soportar el estrés, sino de beneficiarse de él.
Una pieza central del enfoque propuesto por Harvard es el concepto de resiliencia. Foto: Pexels
Es decir, las personas antifrágiles no solo resisten la presión, sino que salen fortalecidas tras enfrentarse a ella.
Ejemplos que ilustra Harvard Health para explicar estos conceptos incluyen a los Navy Seals de Estados Unidos, quienes operan en condiciones extremas de presión y peligro, demostrando rapidez mental, flexibilidad y eficiencia bajo estrés recurrente.
Siete rasgos esenciales de las personas resilientes
Según Harvard, existen características comunes en quienes mejor gestionan el estrés y desarrollan resiliencia. Estos rasgos no son innatos, sino habilidades que pueden practicarse y fortalecerse con el tiempo:
Pensamiento sereno en ambientes hostiles.
Enfoque innovador y flexible, evitando ideas rígidas.
Decisión para actuar de forma eficiente ante situaciones complejas.
Tenacidad y perseverancia frente a dificultades.
Solidez en las relaciones interpersonales, con redes de apoyo.
Honestidad y compromiso ético en las acciones cotidianas.
Autocontrol y una perspectiva optimista de la vida.
Estos siete ítems muestran que la resiliencia implica tanto habilidades cognitivas como emocionales y sociales, y que todas pueden desarrollarse con práctica consciente y apoyo.
Estrategias prácticas para recuperar el equilibrio tras picos de estrés
Para quienes buscan reducir el impacto del estrés diario, Harvard Health propone pasos concretos que abarcan desde cambios en la mentalidad hasta hábitos cotidianos:
Adoptar una mentalidad de crecimiento, reconociendo que errores y fracasos son herramientas de aprendizaje.
Desarrollar antifragilidad, es decir, aprovechar las adversidades como oportunidades de fortalecimiento.
Practicar hábitos saludables como ejercicio regular, descanso adecuado y alimentación equilibrada.
Construir redes de apoyo social, cultivando relaciones genuinas que brinden contención y perspectiva.
Aprender técnicas de manejo emocional, como la meditación y la respiración consciente para reducir la reactividad ante situaciones estresantes.
Estas recomendaciones no solo apuntan a aliviar la presión en el corto plazo, sino también a potenciar una fortaleza interior que permita enfrentar nuevos desafíos con mayor seguridad y bienestar.
La perspectiva que pone sobre la mesa Harvard invita a replantear la relación con el estrés: ya no como un enemigo a evitar, sino como una fuerza que, bien manejada, puede impulsar la adaptabilidad y la resiliencia personal.
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